Hay una decisión que tomé hace años y que, en su momento, no supe explicarme ni a mí mismo. Ya vivía fuera de Italia y hablaba otro idioma todo el día: en el trabajo, con los amigos, a veces incluso en los sueños. Cuando decidí formarme como coach, habría podido hacerlo donde vivía: cursos excelentes, ningún vuelo que tomar, un idioma que dominaba bien. En cambio volví a Italia, y me complicé la vida con aviones, vacaciones contadas y fines de semana pasados en otro sitio.
Si entonces me hubieran preguntado por qué, habría respondido algo vago sobre lo cómodo que resulta estudiar en la propia lengua. La verdad la entendí solo después, dentro de las sesiones de Voice Dialogue.
Porque una cosa ya la sabía, como la sabe cualquiera que lleve suficiente tiempo viviendo en el extranjero: en cierto momento el idioma deja de ser un obstáculo. Diriges una reunión, gestionas una negociación, haces una broma y hasta se ríen. Estás a gusto, de verdad. Pero luego toca contar algo que te toca de cerca, y necesitas esa palabra, esa exacta. No un concepto, un matiz. La diferencia entre sentirse culpable y sentirse en deuda, entre callar por prudencia y callar por rendición. Y te das cuenta de que la palabra exacta solo la tienes en la lengua en la que creciste, y de que lo que estás diciendo en la otra es una buena aproximación. En la vida cotidiana se convive perfectamente con las aproximaciones. En un camino que te pide mirar hacia dentro, son justo lo que querrías evitar.
El Voice Dialogue me lo hizo evidente. Trabajamos con la idea de que dentro de cada uno de nosotros conviven muchas partes, y de que algunas tomaron el mando muy pronto: el crítico, el perfeccionista, la parte que se hace a un lado para dejar espacio a los demás se formaron en años en los que tu segunda lengua todavía no existía. Cuando en una facilitación una de estas partes toma la palabra, habla con las palabras con las que aprendió a decir las cosas. Pedirle que se exprese en otro idioma significa ponerle al lado un traductor simultáneo, y ese traductor, por bueno que sea, es ya una forma de control. Justo lo que en este trabajo intentamos aflojar.
Por eso estoy convencido de que ciertos caminos hay que recorrerlos en la lengua materna. No por nostalgia, sino porque es ahí donde se llega más hondo, y una inversión como esta merece rendir hasta el final.
Con los años, esta convicción ha seguido cruzándose con las mismas conversaciones. Entre los países en los que he vivido y aquellos en los que trabajo, tengo personas queridas en media Europa, y muchas de ellas acompañan a otras por profesión: unas como coaches, otras como counselors o psicólogos, otras dentro de las organizaciones con un rol de RR. HH. Cuando les hablaba del Curso de Facilitadores de Voice Dialogue, la conversación llegaba siempre al mismo punto: ¿y aquí no lo traéis? Durante años respondí que se celebraba solo en Italia, y cada vez me quedaba la sensación de una promesa aplazada.
Desde hoy la respuesta cambia. En 2027 el curso se celebra también en Madrid, en italiano, y las inscripciones están abiertas.
Te lo digo antes que nada a ti que vives en España y acompañas a personas por profesión: esta edición nace para que ya no tengas que elegir entre la formación que deseas y la vida que te has construido ahí. Pero te lo digo también a ti que vives en Italia y quieres hacer esta formación en tu lengua, sin renunciar a una experiencia: tres fines de semana en Madrid no son tres fines de semana cualquiera. Es una ciudad que te contagia una energía muy concreta, y quien trabaja con las partes lo reconoce enseguida: ciertos Yos que en casa se quedan quietos, en una ciudad así se despiertan. Salir del propio contexto es, a veces, la forma más rápida de encontrarlos.
Marzia y yo nos tomamos el tiempo necesario, porque llevarlo fuera de Italia tenía sentido con una sola condición: que la calidad del trabajo en el aula siguiera siendo idéntica. Por eso el calendario son tres fines de semana con horarios construidos alrededor de los vuelos, del viernes por la tarde al domingo a mediodía, para que la formación conviva con el trabajo en lugar de competir con él. Y por eso el grupo sigue siendo pequeño, diez personas como máximo: es la condición para que cada uno pueda facilitar, ser facilitado y recibir supervisión.
Después de varias ediciones me sigue impresionando lo mismo: las personas llegan para aprender un método y vuelven a casa habiendo encontrado partes de sí mismas que no sabían que tenían. Es la razón por la que hago este trabajo. Y es lo que espero que ocurra también en Madrid, quizá justamente a algunas de las personas con las que, durante años, esta conversación se cerraba con un qué pena, es en Italia.
Curso de Facilitadores de Voice Dialogue, Madrid 2027, en italiano.
Tres módulos de tres jornadas:
- 19, 20 y 21 de febrero de 2027
- 19, 20 y 21 de marzo de 2027
- 16, 17 y 18 de abril de 2027
PROMO Early bird hasta el 30 de septiembre de 2026.
Para obtenerla basta con introducir el código EARLYBIRD durante la inscripción.
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